Entradas

Mostrando entradas de agosto, 2016

Yo te curaré, dijo el pequeño oso

Imagen
Hay un ocelote escondido dentro de cada uno. O un felino, o un perro. Hay un animal inconsciente que nos atrapa de vez en cuando. A unos les hace ronronear, a otros les ofrece la agresividad de un ataque. Para algunos es mero simbolismo, para otros reencarnaciones. Ayer mi ocelote se restregaba contra las sábanas rudamente, tratando de apartar los trozos de carbón que golpeaban mi ajetreada mente. Pero no era posible. El mismo pensamiento se arremolinaba una y otra vez cual huracán en las puertas de mi boca. A punto de estallar. Y mi parte consciente diciendo que no, que te relajes, déjalo pasar. Llegó un gato negro, de largo pelo y ágiles ojos a contar cuentos. A intentar hacerme dormir, a intentar hacerme olvidar. Y en el recuerdo de los cuentos, de la infancia inocente, me acordé del que a mi más me gustaba cuando era pequeña: " Yo te curaré, dijo el pequeño oso". Y al recordarlo estallé. Y de repente estaba mojando la almoada con gotitas de sal. Un escalofrío me rec...

La luz

Imagen
Ayer estaba viajando, metida en un coche volviendo al que durante 20 años ha sido mi hogar, pero yo ya estaba en casa. Ayer sonaba la música, ayer estábamos celebrando la vida. Porque no iba sola. No podía, ni hubiera querido, no mirar cada centímetro de tu boca sonriéndole a la voz de un cantante que no sabe nada, ni de ti ni de mi, pero que nos describe. No quería perderme el tacto de tus manos frías, a pesar de ser las más cálidas del mundo. Ayer había una perfecta puesta de sol que se divisaba por el retrovisor. Era una luz cálida, amarillenta, como los campos de trigo a cualquier época del año, casi dorada. Y en estéreo, casi como la radio, entró por mis oídos una voz que decía "Que bien te sienta esta luz". Pero lo que me sienta bien no es la luz, eres tú. Y aquí seguimos, redescubriendo los lugares de siempre, para no perder jamás, la bonita costumbre de querer. De quererte bien

Donde nadie me encuentre

Imagen
Por primera vez en diez años, ayer cambié el deseo con el que apagar un fuego. Lo cual, inevitablemente, me lleva a dos reflexiones. La primera de ellas es que mis prioridades han cambiado, que puede que me sienta más fuerte que nunca. Contenta, entera, firme, despierta, soñadora, libre y orgullosa. Que hay una etapa de mi vida que estoy a punto de superar. La segunda, que mi prioridad ahora es compartir una vida, que no completar. Y para ello quiero perderme en los desiertos de agua, en tus gélidas montañas, en tus atardeceres taciturnos, en tu melancólica mirada. En el gesto de mi cara recordando la curvatura de tu espalda, en el gesto de tus manos ondeando bandera blanca. Quiero perderme muy cerca de aquí, donde nadie me encuentre . Donde no exista el tiempo ni la prisa. Donde siempre es otoño. Allí donde jamás deje de sentir el alma del mundo.