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Mostrando entradas de 2017

Mentiras piadosas

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Cinco meses más tarde me puede la imperativa necesidad de volver a escribir algo. Y aún no tengo muy claro el qué. Quizá no sea más que una vulgar mentira. Mentiras piadosas durante todo este tiempo, lo siento de verás no era mi intención. Me habéis visto asomarme a lo alto de la manía casi como si fuera natural, siempre hiperactiva, dentro de una constante. Pero no. Me he asomado tanto al borde, tan cerca de la meta de cruce, que casi no vuelvo. Que triste reconocer eso. Porque implica un contrapulso muy hondo, un pozo que todavía estoy explorando. He ocultado la más oscura verdad, los pulmones más aterciopelados en muerte, las venas más secas, el corazón más ronco, y la vida menos preciada. También la he menospreciado. He visto como nos reafirmábamos, a la vez que me destruían. Y también me he visto destruirme. ¿Y como asumir tanta mierda de golpe? Imposible para mí. Negación, ira y frustración. Sales a la calle, sonríes, aparentas. Alguien te asusta, mínimo, casi imperceptibl...

Error notifique found

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Tengo la desdichada costumbre de dejarme arrastrar y arrasar por las emociones. Y entendedme, incluso me gusta, no me va mal. Pero es agotador. Me golpea la vida en la cara, mientras el sol me acaricia a través del cristal.  Cada vez que veo el sol me da calor. Hecho objetivo, inexpugnable. Pues ya me gustaría saber hacer lo mismo con los actos de los demás soles que me rodean, pero me pierdo entre expectativas, que sé, que no van a cumplirse. Y vivo en una dicotomía paralela entre lo que el corazón espera y lo que mi mente niega, pa' protegerme con el costado del golpe. Pero nunca acabo de creerla. Asique voy de lado a lado, bamboleada por una pequeña pero constante, firme pero apenas perceptible opresión en el pecho. Y ya es muy pequeñita, pero siempre me acompaña. Y de vez en cuando me ahogo por minutos, me saturo y oscurezco. Pero estoy mucho mejor. Es solo que me gustaría anticipar antes de que llegue, que hay dos momentos en el año en los que no me encuentro en el s...

El camino largo

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Hoy he salido a encontrarme por las calles más oscuras, por las más preciosas. Inevitablemente sé que siempre miro a los mismos detalles, que mi mente dibuja patrones inconscientes que vuelven a llevarme de nuevo al mismo camino. Pero yo siempre elijo el camino largo para volver a casa. Hay dos tipos de miedo, el directo, el certero, el que te arrasa con una flecha innegable y te ahoga momentáneamente. Y el otro, el más oscuro, el intangible y a veces tan inconsciente que no soy capaz de controlarlo. Un cosquilleo en los dedos. La necesidad imperante de salir de casa. Unas llamadas. Voy. Un bar. Y la expresión verbalizada de mi inquietud. Espera, tensión. Respuesta, calma. Pero el cuerpo no es tan rápido como la mente, la somatización no viene y se evapora, se deshila lentamente y hay que saber curarla. Asique repito el proceso por la tarde: necesidad de salir de casa, no hay llamadas, salgo a recorrer la vida. Y entre toda esa calma que me da... Pum. Se dispara, un atisbo de l...

Para cagarme en ti

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Justo iba a escribir para cagarme en todo. Más bien en ti, en el daño que me traías a la mente. En el que me hiciste. En el momento de vacío y perdición que sentí. Y no sabes lo maravilloso que ha sido, ponerme delante del papel y no tener nada que decir. Y digas lo que digas, no te olvidaré, pero tampoco voy a recordarte. He respirado tan tranquila, tan profundo, tan bien. No queda nada de aquella ansiedad oscura y carcomida. No queda nada de ti. Y por supuesto no queda nada de aquel yo, solo la esencia. Y el aprendizaje. He aprendido a vivir y sentir la dulzura. Ya no hay más sombras malditas. Bendita dulzura la nuestra. La de ahora. La de las mujeres enraizadas en una sola piel.