Espacios indefinidos
Tuve un vuelo
efímero y descontrolado por las alturas de tu pecho. Como un volcán estallabas
cada vez que nos tocábamos, y yo, pequeña inexperta, me creía que eso era lo
más parecido al apocalipsis.
Luego te quedabas
callado, como si con tus tantos años, te vieras incapaz de expresar, solo
cuando vas fumado. Joder, vi en tus ojos el brillo verde más bonito jamás visto
en unos ojos marrones.
Y en verdad, tal y como vino, se suicidó.
Se ahogó en tus
silencios contaminados, que no se sabían si acabarían estallando en palabras o
simplemente en más silencios ensangrentados. Duelen al espacio.
Sinceramente no sé
si debí o no debí, no entiendo de deberes impuestos por conciencias desalmadas,
atiborradas hasta las trancas de tanta verborrea barata, de dinero en los
bolsillos y agujeros en el alma. Y lo peor de todo, es que siempre hay dos
versiones de la misma cara, y yo, como siempre, no puedo mantenerme en los
extremos, me quemo; al igual que en el centro.
Necesito perfecto espacio
indefinido, perfecto tiempo inexistente, para que todo sea imperfecto:
perfecto.

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