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Utopía

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Me dijeron que no saldría de esta, pero aún conservo las fuerzas. Los genocidas de mi mente estallan en gritos de dolor, transforman mi pensamiento, me arañan la visión y la membrana. Empiezo a sangrar. Y a escribir. Como otras tantas veces, como tras otras tantas mentiras. Pero creo que algo está cambiando, o al menos tengo una fe irracional en ello que me hace agarrarme a la vida. Quiero por encima de todo tener una estabilidad emocional, no en el sentido de pareja, y creo que para eso hay que empezar por quererse a una misma. No es fácil. Tú no puedes. Y una mierda. Las cerrazones de tu mente serán los blindados candados rotos de mi libertad. Y cuando vea a Ícaro tendido en el suelo, quemado, ardiente, sonreiré pensando que ese también es mi destino: llegar a lo más alto posible. Y a lo imposible. Utopía es lo irrealizado, no lo irrealizable.

Hierro lento

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Soy mi moño de nada, mi rapada de rastas, mis angustias colgadas. Mis manos de muerte, mis manos ardientes, mis manos que matan. Y una enfermedad que me escarnia por fuera, se derrama en mis cuencas, me vacía el alma. Soy tu pecho enrojecido, tus manos de boxeo que no pegan nunca, tus uñas que matan células todas las horas, tu sangre que brota, tu mierda enlatada. Sesenta euros y las gracias. Farmacia a farmacia. Caras de pena, miradas de lástima. Ahora una gasa.   Mañana me quedo en casa. Me avergüenzo. Me muero. Me muero porque no lo entiendes. Porque me arrancas la voz al reírte. Son sandeces. Ojalá no lo sepas nunca. Ojalá no mueras como yo. Ojalá no tengas que decirte a ti misma todos los días de tu vida que puedes renacer una vez más. La pastilla de las ocho y media. Placas de cerámica untadas en piel. Ojalá ser hierro y no mariposa. 

Sombras

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Ni me encuentro, ni me creo perdida. Ando en un limbo en el que no tengo explicación para nada de lo que me sucede. Las taquicardias van y vienen, mi subconsciente me tortura, se me acelera el pulso, me puede el estrés, me muerden las manos, se me alquitrana el alma, escupo negro, hiero a los que quiero.... Muero. Soy ángel negro sin posibilidad de luz. Debe ser que no puedo pensar más allá de mis dos palmos de narices, estoy seca, podrida, putrefacta, inquieta. Veneno corre por mis venas, veneno y alcohol. Veneno y veneno. No hay humo, no hay calma, no hay nada que me retenga en esta patria. No hay patria, no hay gracias. Sólo dolor compungido. Sólo estelas de mierda que barro y unto en mi esencia. No soy nada para nadie y si lo soy olvidadme. Sólo traigo el mal. Me encapricho, lo uso y tiro. Lo reduzco a cristales rotos que más tarde tendré que pisar, tragarme mi orgullo. Matarte. En mi memoria, en mi corazón; aún no me he vuelto tan violenta. Aún reconozco el perdón. Sé de hum...

Martes

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Martes de reencuentro. Martes de marcha y despedida. De sabores amargos y revoluciones entre cuatro paredes, cinco metros cuadrados, una ventana cerrada y una tenue luz amarilla. Además, esas pequeñas pupilas fluorescentes que iluminan la Navidad de mi corcho encaramado negligentemente a la pared. -Debo marchar. Nos levantamos en uno sólo. Se rasga una voz en el pensamiento, tu respiración susurra canciones a mi cuello. Kiss me. Y empieza a brotar dulcemente desde la tecnología minúscula que reposa sobre mi mesilla, junto con los globos de la fiesta que deberíamos haber(nos) montado. La suave luz atraviesa tus clavículas, cálidamente baña tu barba y yo riendo en el subconsciente de tu inocencia, que aún me besas con los ojos cerrados. Y me llevas de viaje tan lejos en el tiempo y tan cerca en el espacio. Como coger un coche y subir a Canfranc. Y me pierdo. Me pierdes. Quizá hayan sido los cuatro minutos más tiernos de mi vida, la última canción de un adiós inter...

Doble punto sin final

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Silencio. Esa es la distancia exacta que nos separa. Vuelves siempre en el momento oportuno para no dejarte morir. Vienes a reventarme las entrañas aunque yo no quiera. Vienes a exprimir las pocas hojas muertas que me cobijan de los fríos inviernos sin tu piel. Vienes y rompes la estabilidad desequilibrada de mi mente. Y lo peor de todo es que yo creía controlarlo. Silencio. Resultado y causa. No es lo que dices, sino tus vacíos. No es que no lo sepas, es que no quieres decirlo. Te gusta tergiversarlo, removerlo. Matarme con frases… A este paso acabaré odiando la poesía. Tus negras montañas ya no me acompañan, tengo denegado el paso. O no. Eres demasiado ambivalente como para comprenderlo. Pero mis montes tampoco son tuyos, no son de nadie porque no tienen dueño. Son libres y tan sucios como clara agua que baja de mis ojos. No vuelvas, joder, no vuelvas. Estabas lo suficientemente lejos como para ser feliz. A un silencio y medio.

Me quiero libre contigo

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Hace mucho que no echaba los restos sobre una cuartilla. Hace mucho que no necesitaba sacar los pulmones fuera para poder seguir inhalando. Noviembre siempre llega, Noviembre siempre triste ... el problema es que tu ya no vienes. La de cosas que se escapan entre los neones de los suburbios de tu pelo, la de miradas que se pierden al filo de tus acantilados labios. La de cosas que ya no te diré, porque ya no estás. Estás ausente, perdido, negro, vacío. Pero sólo conmigo. Que mala es la posesión en el amor, que mal nos enseñaron a querer. Siempre dijeron que el amor romántico era perfecto, y eso traducido venían a ser celos. Inquietudes, dudas, envidias. Celos sería la definición por antonomasia de feo. Cada día lo tengo más claro. Y no, no es que dejase de quererte, es que no te quise con las connotaciones de una sociedad patriarcal arraigada en las princesas y los hombres a caballo. Eso, y la firme ( y fea) manía de destripar la alegría en tiempo y pétalos de cucarachas. De put...

Neones de hojalata

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Llueve. Y mañana amanecerá nublado. Y nos dará igual. Llueve, cuatro gotas. Suficientes para desprender aroma a tierra mojada. Neones de hojalata alumbran desde las alturas, y aquí dentro, luz blanca, como la que avisa de que cierran el bar: blanca y barata. Y entre bienes e inmuebles me da por escuchar la sinfonía de mis pies contra mis pies, de tus pulmones al romper la atmósfera de mi cuarto, de tus sueños estallando en esta mente mía. Entre hablares efímeros tengo aún más efímeros ataques epilépticos y diabéticos que me llenan de placer. El placer de saber que fuimos uno y que tal vez, mañana pueda volver a ser.