Martes
Martes de
reencuentro.
Martes de marcha y
despedida. De sabores amargos y revoluciones entre cuatro paredes, cinco metros
cuadrados, una ventana cerrada y una tenue luz amarilla. Además, esas pequeñas
pupilas fluorescentes que iluminan la Navidad de mi corcho encaramado negligentemente
a la pared.
-Debo marchar.
Nos levantamos en
uno sólo. Se rasga una voz en el pensamiento, tu respiración susurra canciones
a mi cuello. Kiss me.
Y empieza a brotar
dulcemente desde la tecnología minúscula que reposa sobre mi mesilla, junto con
los globos de la fiesta que deberíamos haber(nos) montado.
La suave luz
atraviesa tus clavículas, cálidamente baña tu barba y yo riendo en el
subconsciente de tu inocencia, que aún me besas con los ojos cerrados. Y me
llevas de viaje tan lejos en el tiempo y tan cerca en el espacio. Como coger un
coche y subir a Canfranc.
Y me pierdo. Me
pierdes.
Quizá hayan sido los
cuatro minutos más tiernos de mi vida, la última canción de un adiós
interrumpido.
"Kiss me like you wanna be love, this feels like
falling in love…"

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