Tan alto que me quemen las alas

Cuando escuches el cantar de mis tristes hojas,
cuando suenen los resuellos al alba,
cuando de verdad lo veas...
no te olvides de llamar.

No te olvides de mí,
de las noches de eternas sonrisas,
del alma del mundo escrita en azul tinta,
del último asombro cada vez que vueles.

Cada vez que vueles toca el sol,
para acostumbrar la caida,
para que me ayudes a elevarme
tan alto que me quemen las alas.

Y cuando arda me acordaré de ti,
con asombra, con gracia, al último vuelo del alba.


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