Muertes Lentas


Me pongo a leer, porque me gusta como suenan las letras en mi mano.
Me pongo a recitar, porque la música ya se está escribiendo en el piso de arriba.
El guión de una nueva noche, una nueva vida.

Polos opuestos y complementarios. Polos y helados. Hielo de tu boca a la mía.
Gotas de frío escurriéndose entre las manos, como el jugo de la fruta que estamos descubriendo.
Como las lágrimas que descienden en todos los entierros, y todas aquellas que intentan esconderse cada vez que de ti me acuerdo.

Voces en estéreo, humo en la ventana, calor en el alféizar. Mi culo en el marco un lunes de noviembre. Mi culo en tus manos. Cosa que no ocurrirá los tres meses de vacío existencial de cada año. Que se esfume el verano.

Asesino a sangre fría todas y cada una de las jornadas en esta amable ciudad. Todos los mosquitos  mueren en mis manos. Pero también te estoy matando a ti, a pesar de que no quieras volver a aceptarlo. Y en el fondo soy tan cruel como otros hicieron conmigo, desde que construí mi muralla no soy capaz de acertar con las balas. Muertes lentas.


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