Maldita dulzura la nuestra

Hace un mes mi vida cambió radicalmente. 
Dejé de escuchar la lluvia caer dentro de mi, volví a renacer desde las cenizas del ayer... y desperté. Descubrí la pequeña gran sensación de la libertad y joder como engancha. Las horas se hacen cortas, las palabras innecesarias. Es la misma sensación que escuchar a Ludovico al piano y recorrer todos los trazos que por las noches tracé en tu espalda. Cada surco desdibujado por antiguas miradas.
Sin embargo,  hay tiempos infelices, absurdos y llenos de negro rencor, en los que , hasta la más bella flor queda derruida por el arcángel de la muerte. Porque tenemos memoria y sentimientos, porque recordamos y olvidamos al antojo de los sueños.
Por ello hay una frase que me viene acompañando desde hace ya algunos años. Porque del amor he aprendido mucho y sé muy poco, porque en el fondo siempre suena la misma canción: maldita dulzura la nuestra. Y es que siempre empezamos cerca del final, en los sin sentidos, en el retornar de las pequeñas olas que surgen de las gargantas rotas. No sé exactamente cual es el final, ni siquiera el camino a seguir pero hay algo que dice "sigue" dentro de mí. 
Mañana seguiremos buscando nuevas experiencias, nuevas lunas... pero con la misma sensación de deja vu. Porque me encantaría vivir una y otra vez la vida, sin cambiar nada, conservando las hostias que nos hicieron más fuertes; o cambiándolo todo, haciendo girar las tornas para descubrir que emana de la próxima estación, del próximo anden parado en un mundo que no deja de girar.
Mañana... quién sabe. Hoy es el mañana del ayer. Mañana no será mañana. Y mañana no sé que será de mi. Mañana volveremos a nacer, volveremos a reír. 

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