Duerme

Duerme. Despacio. A ratos.
Con un ojo abierto y el otro cerrado. Como los gatos.
Duerme. Tranquilo.
Como la suave brisa que mece las olas. Media vuelta.
Duerme por las mañanas, porque las pasó en vela. Después de las diez y media. Después de los besos. De la pasión encendida de un cigarro. Duerme.

No usa manta, dice que así no se duerme del todo. Como los animales salvajes, con la persiana arriba, la ventana abierta y la suave luz de las nubes. Ni siquiera ella le molesta. No escucha la música, solo descansa entre los alegres ritmos de mi corazón. Calor.

No oye el quemar del papel, el fumar de la tinta, el temblor de mis dedos. Pero se despierta y me mira cada vez que me acerco. Duerme. La cerveza descansa en la ventana, las sobras de ayer, de los restos de su ropa, de las alarmas apagadas.

 Las hojas se mecen al son del viento, el viento se mece con las horas del tiempo. Y el tiempo, infeliz invento, se nos escurre entre los dedos. Como la melodía suave de aquel "moriría por vos". El orden del caos reina en el cuarto. El orden del desorden, del orden de mi vida. El orden de los días que no tienen nombre de los buenos días.

Se levanta, despacio.
-Buenos días.

(Duerme por la mañana; despacio, tranquilo. No oye pero respira. Mira, escucha, siente. Vive, duerme.)


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